¿Qué ventajas tiene el libro digital?
Permite localizar palabras concretas con rapidez, se puede actualizar de forma rápida y barata, y ofrece una navegación adecuada. Estas ventajas han hecho que muchos textos legales ya se publiquen en soporte digital, aunque sigue siendo prestigioso tener una buena biblioteca en el despacho.
¿Y qué desventajas?
Se necesita un lector, y estos aparatos son frágiles y poco ergonómicos. Hacen la lectura más fatigosa e irritante para la vista. Aunque el papel electrónico intenta hacer la lectura más cómoda, no tiene la calidad ni el contraste de un libro impreso y sólo puede representar información estática en blanco y negro.
Para el autor, ¿qué significa pasar al libro digital?
A partir del libro digital, los libros son una cosa y el texto es otra. La lectura se puede hacer fuera del libro. La creación literaria tiene ahora otros ámbitos como la oralidad o la literatura virtual, que suponen otros registros, otras maneras. El libro digital permite crear cosas que no se habrían podido hacer en papel.
¿Por ejemplo?
Son populares en Japón las novelas para móviles: los lectores se suscriben y cada día reciben un fragmento en lenguaje SMS. Tal es el éxito que algunas de estas novelas han pasado al papel y se han convertido en los libros más vendidos. Una de ellas, Koizora, ha sido llevada al cine.
Hay poemas para agenda electrónica, como los de Orit Kruglanski, que tienen movimiento: según la capacidad de la agenda, mueven las letras como en un caligrama, caen de una manera determinada, permiten una lectura curiosa y hasta divertida.
La muerte del autor, ensayo de Roland Barthes, ¿anuncia la muerte del libro impreso?
No. El libro en papel no está amenazado por el libro digital porque continúa presentando los contenidos de una manera más eficaz que los medios electrónicos. El libro impreso es un objeto perfecto que ha sido sometido a una depuración de más de cinco siglos, durante los cuales se han afinado sus mecanismos textuales.
Entonces, ¿hay que desmitificar la muerte del libro impreso?
Sí. Libros impresos conviven y convivirán con libros digitales. Y ambos necesitan autores y editores por igual.
Libro digital, libro de papel, ¿también hay dos tipos de lectura?
Sí. Conviven soportes, y también conviven dos tipos de lecturas.
Por un lado está lo que podría llamarse la lectura del pescador: lenta y pausada. Es la lectura del goce placentero que trata de avanzar lento y llega en profundidad. Es la manera de leer que hoy se asocia al papel.
Por otro lado está la lectura del cazador: es la que va a la caza de una información, es la lectura sincopada y fragmentaria que investiga, que apunta en una dirección y después en otra. Es la lectura de superficie, casi instantánea, que propone la electrónica.
Son dos posibilidades de lectura, paralelas y no excluyentes. Una no sustituye a la otra, sino que se complementan.
¿Cómo afectará este hecho a la industria editorial?
Cada vez se publicarán más libros de consulta (diccionarios, enciclopedias, etc.) en soporte digital. Mientras que en papel continuarán publicándose los otros libros por razones ergonómicas: es más cómodo leer en papel que en pantalla. Incluso cuando el libro está disponible por vía electrónica, la mayoría de los lectores imprime para leer. Por tanto, los soportes y las formas de lectura están llamados a convivir de una forma enriquecedora.
El libro digital quiere asemejarse al libro impreso...
Así parece, puesto que los fabricantes se esfuerzan por hacer más cómodos los dispositivos electrónicos de lectura. Tienen una forma rectangular que imita la forma del libro impreso, incluso funcionan con metáforas como el “pasar página”.
¿La crisis dará un impulso al libro digital?
Los editores no escapan a la crisis. La oferta y la demanda no están equilibradas, y esta situación es propicia para que surja la copia ilegal. Por este motivo, muchos editores creen que éste no es un buen momento para poner en marcha el negocio digital, porque podría caer en el agujero negro de las copias ilegales.
¿Cuándo llegarán los libros digitalizados a las librerías?
La comercialización de libros digitales está en marcha, pero aún en etapa incipiente. La industria editorial de España todavía no ha desarrollado la distribución de libros digitales. Tal vez porque aún no hay un dispositivo de lectura estándar, ni un mercado estandarizado.
Y porque las editoriales parecen más preocupadas por cómo controlar la distribución y cómo evitar la copia ilegal. En vista del bajo nivel de ventas en Reino Unido y Francia, más avanzados en este terreno, las editoriales prefieren ser prudentes y esperar: los grupos Planeta, Random House Mondadori y Santillana aún están definiendo un modelo de negocio.
Los tiempos cambian... ¿Afecta lo digital a la conducta?
Sin duda. Con la informática y las telecomunicaciones entramos en un mundo diferente en cuanto a lo social y en cuanto a lo material. La comunicación personal y la transmisión de información son hoy más accesibles, y esto nos permite vivir en un entorno nuevo, complejo, con posibilidades y exigencias nuevas, con nuevas oportunidades, que sin duda están modificando nuestros hábitos de conducta.
¿Por ejemplo?
Las nuevas tecnologías cambian la manera de trabajar y de relacionarnos. Cambian, por ejemplo, nuestra actitud como consumidores y usuarios: cada vez más nos negamos a comprar determinados productos si antes no hemos leído opiniones y comentarios, supuestamente neutrales, sobre ellos.
Como lectores, hemos tenido que reeducar nuestras prácticas lectoras con la irrupción del hipertexto, tan característico de Internet. Nos hemos acostumbrado a una lectura que obliga a tomar decisiones a cada momento, lo cual supone una mayor carga cognitiva.
¿El cambio es para bien o para mal?
Los cambios hay que asimilarlos. Pero no nos conducen necesariamente a tener una visión más crítica de la realidad o un mayor compromiso de implicación personal. Por lo tanto, una sociedad tecnificada no contribuye a tener personas con más formación, mejor informadas o con mejor criterio.
Y pese a la difusión generalizada de las tecnologías, continúa habiendo una brecha digital, una división que no es sólo tecnológica, sino también social. Y no sólo de acceso, sino también de uso. Estamos en una sociedad de dos velocidades, y estas diferencias sociales y de uso acentúan la desigualdad.
Entonces hay que educar en lo digital... ¿Se requiere una pedagogía social sobre el uso de los nuevos medios para adaptarse a los cambios?
Sí. Ha cambiado el concepto de lector —de lector culto— porque en la era digital esto implica saber manejar ciertos materiales o utensilios que guardan poca relación con el pasado. Ya no basta con tener acceso a Internet, contar con equipos informáticos y disponer de una cierta capacitación tecnológica.
El nuevo concepto de lector implica adquirir la cultura tecnológica suficiente para entender cómo funciona el formato digital: es necesario saber cómo se organiza la información, cómo y dónde se la puede encontrar, cómo se debe interactuar con ella.
La cultura tecnológica es un proceso de aprendizaje que implica una inversión de tiempo, una pedagogía social, en efecto. Es también un concepto que se debería potenciar en los centros educativos y desde la clase política.
Pero Internet es un laberinto de hipertextos, hipervínculos y elementos gráficos que, según opinan algunas personas, nada tiene que ver con la lectura.
Es una afirmación exagerada, pero tiene mucho de cierto. Por varios estudios se sabe que las personas no suelen leer los contenidos palabra a palabra, sino que echan simples vistazos o hacen lecturas superficiales. Suelen consultar Internet por su utilidad, y no por el placer de navegar o para contemplar diseños atractivos.
¿Eso es lectura?
Buscan la respuesta a una pregunta o intentan resolver una tarea, y lo hacen en un medio que no invita a la lectura: la pantalla reduce la velocidad de lectura e incrementa la fatiga del lector, y los vínculos suponen una carga cognitiva porque obligan a tomar decisiones. Todo ello, unido a la escasez de tiempo, explica que las personas tengan una actitud voraz, impaciente e inconstante.
La investigación revela que leemos entre un 10 y un 20 por ciento de las palabras. La lectura del web es una lectura de cazadores: vamos a la caza de una información concreta y la mayoría del texto que encontramos no es más que un rastro para llegar a ella. Y sólo cuando la encontramos aplicamos la lectura intensiva, e incluso releemos partes para mejorar la comprensión o para aclarar lo que no haya quedado claro en la primera lectura.
¿Y en cuanto a la escritura?
Si la lectura en Internet es particular, la escritura también lo debe ser. Se requieren técnicas propias para conseguir textos fáciles de explorar. Las murallas de texto son desmotivadoras y provocan que muchos lectores abandonen la lectura. Aun así, se continúa escribiendo contenido denso y textos extensos. Es una lección todavía pendiente.
En cuanto a canon digital, derechos de autor, propiedad intelectual...
Deberíamos centrar nuestra preocupación aquí, y unirnos en contra del pago irregular de los mal llamados derechos de autor. Es un sistema injusto y ofensivo que pervierte lo que podría ser un derecho legítimo.
Hoy día, la propiedad intelectual se utiliza como pretexto para defender cualquier interés, incluso si es algo tan ilegítimo como la censura. Y se utiliza la figura del autor al servicio de intereses económicos, y éstos a menudo sólo buscan el lucro de las empresas, al margen de los autores.
Ello explica que muchos autores nos opongamos al cobro de un canon por el préstamo de libros en las bibliotecas. Los autores nos negamos a permitir que ese cobro se haga en nuestro nombre, porque los verdaderos beneficiarios de esta medida son las grandes editoriales y las entidades gestoras de los supuestos derechos de los autores.
¿Qué hay de problemático en los derechos de autor?
Mucho, y todo se debe a la facilidad con que se pueden reproducir los objetos digitales y al afán de autores y editores de controlar la difusión de sus obras. La copia ilegal ha existido siempre, pero la preocupación por ella es mayor desde que la tecnología permite hacer copias rápidas e idénticas.
Me parece lícito que autores y editoriales quieran proteger sus legítimos intereses económicos. Pero surge un problema cuando esa protección se convierte en blindaje, porque entonces se mercantiliza la cultura y se criminalizan ciertos valores éticos.
Las cosas no eran así...
Las cosas han cambiado, en efecto. Hasta ahora estaba bien visto prestar un libro con tal de no fotocopiarlo. Incluso el CEDRO, una entidad gestora de derechos, había apoyado esta idea en una de sus campañas, tiempo atrás. Ahora se nos presenta el préstamo como un delito si la empresa que ha producido aquello que se presta no obtiene un beneficio económico por ello.
Las grandes editoriales y las entidades gestoras de derechos han visto que podían llenarse los bolsillos de dinero a base de extremar y pervertir el discurso sobre la propiedad intelectual. Pero han ido demasiado lejos: han convertido el argumento de proteger su negocio en un pretexto inmoral para aumentar su negocio.
¿Qué es la filosofía copyleft?
Es un conjunto de licencias que pueden aplicarse a creaciones intelectuales de cualquier tipo para ceder algunos derechos. Así, cada persona que recibe un ejemplar puede usar, modificar y redistribuir ese trabajo y versiones derivadas del mismo, siempre que se mantengan unas condiciones similares de uso y difusión.
El copyleft propone una alternativa a las restricciones que impone el copyright, y pretende garantizar una mayor libertad para que cada receptor de un ejemplar pueda usarlo, modificarlo y redistribuirlo en su forma original o en la forma modificada.
Pero no es pertinente hablar de libertad en propuestas como Creative Commons...
¿Creative Commons?
Creative Commons no es sino una versión más elaborada del copyright. Al contrario de lo que se tiende a creer, Creative Commons no cuestiona el copyright ni libera la cultura, sino que ayuda a los creadores a mantener el control de su obra escogiendo entre una gama de restricciones que desean aplicar a su trabajo como, por ejemplo, prohibir el uso comercial o la creación de obras derivadas.
Pese a su nombre, deliberadamente confuso, Creative Commons legitima ese control y sigue imponiendo una clara distinción entre productor y consumidor. Es una iniciativa que trapichea con la lógica capitalista de la privatización a base de proporcionar definiciones más sofisticadas para los diversos matices de propiedad y control.
Literatura, libros, derechos... ¿Qué otros intereses tienes?
La docencia y la investigación. Son para mí dos conceptos inseparables porque el profesor, además de investigador insaciable, es a la vez alumno: aprende de lo que investiga, de lo que enseña, de las personas con quienes colabora.
Al margen de lo profesional, disfruto con el senderismo, con la idea de seguir el camino del propio hallazgo. Y viajando, para descubrir otras filosofías, otras visiones del mundo. También me llena la música: como oyente y como compositor ocasional, busco estudiar las posibilidades comunicativas de la música, entendida como forma de conocer nuestra relación con el mundo.
Me interesa en especial la obra de Pierre Boulez, uno de los músicos más influyentes de la segunda mitad del siglo XX. Compone una música intrincada y cerebral, pero refinada, sensual y dotada de un extraordinario sentido poético. Es música de líneas melódicas que revolotean entre cambios inesperados de rumbo, como peces reagrupándose nerviosamente en una pecera.
¿Cuál es hoy tu mayor inquietud?
Estamos trabajando en el análisis de la relación que se establece entre las personas y las nuevas tecnologías. Se trata de saber de qué manera la forma (textos y gráficos) puede ayudar a llegar mejor al contenido en los usuarios que, por un motivo o por otro, tienen dificultades para adaptarse al gran cambio digital.
* Entrevista por Fran García Parra.
